sábado, 10 de mayo de 2008

Esto es un cuento


Había una vez un lugar, ni lejano ni extraño, donde la fantasía, la magia y la ilusión cobraban vida. Una tierra de dragones, de voraces monstruos que devoran las montañas y de desiertos llenos de espejismos que enturbian las mentes.

Una tierra que sorprende por su misterio y el miedo ante las historias que circulan entre la población. Historias del más allá, de una consejera que mantiene contactos espirituales con las monjas fallecidas de un viejo monasterio. Los niños se estremecen al sentir tales historias y sufren pesadillas, se despiertan sobresaltados y se esconden al temor de una bruja que quiere secuestrarlos. Y ay del mago!!! Que produce temblores, proviene de tierras en donde los dinosaurios aún habitan, y con su poder embelesa a la población ¡convertía el agua salada en dulce!. Soñaba con hacer túneles por debajo de Zaragoza, imaginaba trasvases impensables y soportaba tempestades sentado en su viejo sillón. De su chistera salían comarcas y siempre tenía un As en la manga: cuando el pueblo suplicaba, pedía tranquilidad. Pedía tranquilidad y luchaba contra los humos que asfixiaban el mundo, contra los diablos anti-todo de intereses oscuros del más allá; diablos con cuernos, cola y verrugas; cenizos y vagos que vomitan serpientes y sapos.

Los diablos, los malvados seres, ansiaban arrebatar el tesoro. El tesoro del poder que era custodiado por un gran consejero, lo guardaba firmemente en lo alto de su torre, ¡su tesoro!: el motor milagroso de la humanidad. En esa tierra encantaban al mundo, lo engatusaban con una nueva cultura del agua y mientras construían pantanos, un azud en el Ebro y anhelaban con campos de golf en el desierto y una gran parque acuático estilo Venecia.

El grande de esta tierra aparece y desaparece, que si bienes o no bienes; un gran juglar de la semántica que si trasvase o transferencia, que si proyecto o idea; de museos de cartón, cultura de casinos, de espías con licencia para matar y luego a la OTAN a trabajar. Los yanquis mandarán y el dinero gana, la banca no pierde y tan solo queda la gente, tan solo el pueblo para perder, tan solo el pueblo y la tierra!!!!

Entre los casinos, jugueteaba un bufón -¡veo! ¿qué veo? un museo entre los casinos; cultura de cartón y vacía, la nuestra la convirtieron en piedra!!! ¡Que a esos les llevan agua y cordericos!, a los vasallos tragaperras. ¡Sí Fernando levantara la cabeza: Isabel con otro se hubiese tenido que casar!.

Hay del desierto, estepa de espejismos que la hacen desierto, de divagaciones y locuras; ¿Qué se nos lleva el cierzo? Esta tierra es Aragón.

Y colorín colorado este cuento aún no ha acabado….

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