sábado, 22 de marzo de 2008

Una noche miré las estrellas


Una noche miré las estrellas. Antes cavilaba por los montes de mis Monegros, donde el silencio no es yermo ni la soledad ausencia. Donde el Sol no es misterio y la noche es un abismo por el que perderse. El crepúsculo devoró el tiempo y deambulando atisbé un nuevo horizonte. Me tumbé. Mi tacto con la tierra, con su dureza. La espalda, reposada en un laberinto de relieve, siente esa dureza y conoce esas noches estrelladas que nunca se pueden explicar. Observé estrellas, infinitas estrellas, dibujé las constelaciones y me imaginé otras; conté las estrellas y contemplé sus colores. Todos los colores que imaginé brillaban y lucían en un cielo de neón, era como si las auroras boreales hubiesen descendido a la mismísima estepa Monegrina.

En ese tiempo perdido a merced de mi ser, una estrella fugaz surcó el cielo, un tipo bajo y regordete apareció con su sombrero de copa ancha en lo alto de un torrollón. Su traje negro lo confundía con la noche, se apreciaba una pajarita roja y una sonrisa que precedió palabras que aún navegan en mi mente.

-¡Pasen y vean! El fantástico, maravilloso y magnifico mundo de la ilusión; la espléndida y soberbia magia; el prodigio, genial y portentoso hechizo. Viajen al fascinante, atractivo y seductor paraíso; al embeleso del conjuro, al agradable y encantador conjuro; al embrujo, al más atónito hedonismo.-

Las estrellas de colores comenzaron a girar; primero en el caos, siguiendo en espirales y terminando en ruletas; un sonido metálico golpeaba sin cesar, el dinero obsesionaba hipnotizando promesas. El dinero, que importa más que las personas, que el mundo en que vivimos, compra almas a cambio de más dinero; convierte a las personas en entes artificiales, en verdugos de su propia naturaleza. Engatusa de poder, obceca y transforma más allá de su propia perversión. Destrucción por más dinero, ¡destrucción por más dinero! Hambre, miseria, pobreza, contaminación, guerras, cambio climático… desaparición de nuestro mundo por más dinero, para consumir más y destruir más por más dinero. ¡Esos ojos no ven! No ven a sus hijos, no ven la tierra, no se ven a si mismos.

Desperté con mi espalda aún tumbada en el suelo, con mi cabeza recostada observando el cielo de infinitas estrellas. Una noche estrellada que nunca se puede explicar, de infinitas estrellas que no se pueden contar, de un triste sueño del que quiero despertar. Al amanecer caminé, recordando las estrellas, para no olvidar por lo que luchar, aunque nunca lo olvido.

LMNSV

Quiero ignorado, y calmo

por ignorado, y propio

por calmo, llenar mis días

de no querer más de ellos.

A quienes la riqueza toca

el oro irrita la piel.

A quienes la fama alienta

se le empaña la vida.

Para quienes la felicidad

es sol, vendrá la noche.

Pero a quien nada espera

todo cuanto viene es grato.

Fernando Pessoa

“Odas de Ricardo Reis”